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6TOROS6 : LOS NOMBRES DE LAS COSAS

LOS NOMBRES DE LAS COSAS


6Toros6
LOS NOMBRES DE LAS COSAS
demás de si es buena o mala (desde sus puntos de vista, naturalmente), los críticos literarios saben perfectamente de la obra analizada en su reseña a qué genero pertenece, y si por ejemplo se trata de una novela, distinguen si es histórica, realista, psicológica, costumbrista o autobiográfica, entre otras muchas categorías posibles; y en caso de que el texto reseñado sea un libro de poesía saben muy bien, además de si es lírica, épica o dramática, si está compuesta por sonetos o redondillas, quintetos o quintillas, sextetos o sextillas… y también si se trata de coplas de pie quebrado o de silvas; y es más, esos críticos también distinguen si la rima es asonante, consonante o si carece de rima… y en el interior de los versos distinguen metáforas e hipérboles, sinéresis y diéresis, sinalefas e hiatos y, por no hacer el cuento largo, también las importantísimas elipsis y perífrasis. Todos ellos (al menos los que son verdaderamente relevantes), conocen los conceptos estructurales y las palabras que los nombran, primero por cultura literaria y segundo porque forma parte de su profesión. Y lo mismo sucede con todos los demás críticos: los de pintura saben, además de si el cuadro es bueno o malo (desde su punto de vista), si es un paisaje o un bodegón, una marina o un retrato…, y luego, atendiendo al estilo en que está pintado, conocen si es impresionista o expresionista, realista o cubista…y el resto de las escuelas estilísticas de la historia del arte. Los críticos de música saben, además de si la obra es buena o mala (desde su punto de vista), si es culta o tradicional, si es folclórica o popular, y entre estos, los que se dedican a reseñar la música moderna desde luego que distinguen si es rock, folk, pop, vallenato, hip-hop, rap o trap, entre otras variedades… Mientras que los que escriben de música clásica, desde luego que además de distinguir las cualidades armónicas y rítmicas de la pieza analizada, también conocen los nombres de las estructuras musicales, de manera que saben si se trata de una ópera o de una zarzuela, una sinfonía o una sonata, de una obertura o un minueto, un Avals o una polka… Por último, aunque obviamente hay muchos más ejemplos, los críticos de cine saben, además de si la película es buena o mala (desde su punto de vista), a qué género pertenece: comedia o tragedia, acción o thriller, bélico o ciencia ficción, western o de terror, policiaco o musical, erótico o negro… y naturalmente, en la factura interna de las películas distinguen los elementos estructurales (y conocen sus nombres) que hacen posible el lenguaje cinematográfico, de manera que escriben de planos secuencia y de travelling, de planos medios y de panorámicas, de flashback y de encuadres, del ritmo y del montaje, del plano cenital y del contra-picado… y del resto de los elementos técnicos y artísticos de que están compuestas las películas. Muchas veces el enorme conocimiento de la materia reseñada por los grupos de críticos nombrados sobrepasa el nivel medio de conocimiento del lector, lo cual es un problema, aunque no debemos olvidar que la crítica siempre se dirige (unas veces muchísimo y otras un poco menos, pero nunca nada) a un lector u oyente interesado, sea profesional o no. Por eso, lo importante es, a mi modo de ver, que los críticos de todas las disciplinas citadas (y de algunas otras) traspasan la línea que marca el límite entre explicar sólo si esa obra es buena o mala (según su criterio), y puesto que tienen un profundo conocimiento de los nombres de los elementos de que está compuesta la materia criticada, comentada o reseñada, los utilizan, hacen pedagogía y llegan a grandes niveles de profundidad en sus críticas. Es en los detalles, precisamente, donde se encuentra la esencia. Obviamente, siempre hay espontáneos que no saben nada o saben muy poco, pero no es de estos de los que estamos hablando. Estamos hablando de aquellos que nunca menosprecian lo que desconocen, precisamente porque tienen la obligación profesional (y también personal) de saber a fondo la materia de la que están hablando o escribiendo. Y si lo desconocen, y aquí está lo importante, estoy seguro de que intentan aprenderlo. Antonio Ferrera no es crítico (ni falta que le hace), simplemente es creador. Inventor y hacedor de suertes del toreo, un mérito añadido a los muchísimos que tiene como torero-artista, de los que hablé aquí la semana pasada. Hoy voy a hacerlo de esa faceta que le relaciona con algunos de los más grandes toreros de la historia. Obviamente, para ser un grande de la Tauromaquia no hace falta inventarse ninguna suerte del toreo, pero la faceta de creador le da la posibilidad de pasar a otro nivel, que no es mejor ni peor, pero que sí es distinto y distinguido. En este aspecto, ya sabemos que México nos lleva una enorme ventaja, pues allí desde siempre los toreros y los aficionados se tomaron en serio el tema de la variedad y de los nombres para denominarla. De Rodolfo Gaona y Pepe Ortiz a El Zapata, pasando entre otros por El Pana, diestros que han dado realce a la variedad en las suertes del toreo. En España, con la salvedad de dignísimas excepciones –Victoriano de la Serna y ahora, junto a otros, El Juli, Morante de la Puebla, Juan Bautista y Roca Rey–, este tema se ha tratado siempre con absurda y ridícula displicencia (en realidad, una manera de ocultar la ignorancia), pretendiendo centrarse sólo en lo presuntamente clásico. Pero ahora ha llegado Ferrera, que en dos años se ha inventado ya media docena de suertes, integrándolas en su toreo armonioso y siendo una causa al tiempo que una consecuencia de su tauromaquia rotundamente imaginativa e inspirada. La última suerte que ha presentado en público, el pasado 6 de junio en la plaza de Madrid, es la tijerilla doble (así la ha bautizado con buen criterio mi compañero David Jaramillo), suerte que se suma a la ferrerina, a la sombrerera, a la oliventina, a la tijerilla con el capote por la espalda y a todas esas maravillosas refundaciones de la caleserina, del quite de oro y de las chicuelinas para sacar a los toros del caballo… lances y pases que, junto al resto de las suertes, con sus nombres y ejecuciones, hacen posible y dan forma al toreo. Porque lo mismo que no hay toreo sin un toro que embista, tampoco lo hay sin suertes, sepamos o desconozcamos sus nombres.
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